Tratamiento para la amigdalitis

Amigdalitis

La amigdalitis, también conocida como amigdalitis aguda, es una infección que ataca a una o ambas amígdalas palatinas, cúmulos de tejido linfático ubicados bajo el paladar blando, a los lados de la orofaringe y también llamadas anginas.

Las amígdalas desempeñan un papel importante en nuestro organismo, ya que ellas constituyen el primer mecanismo de defensa de nuestro cuerpo frente a los microorganismos patógenos que acceden a través de la propia orofaringe o las vías respiratorias.

De pequeños, la amigdalitis es una de las enfermedades que con mayor posibilidad podemos contraer, y aún de adultos podemos ser atrapados por ella. Esto constituye por sí solo un motivo para que conozcamos cuáles son las causas, síntomas y características de la enfermedad y sobre todo, cuál es su tratamiento.

Causas y síntomas de la amigdalitis

La infección causante de la amigdalitis se adquiere por contagio a través del aire o el contacto directo. Esto quiere decir que con solo estornudar o toser, o con intercambiar saliva y fluidos corporales con otra persona, así como con tocar objetos infectados, podemos contagiar y ser contagiados con esta infección.

El período de incubación de la enfermedad puede variar desde las 12 horas después del contagio, hasta cinco días.

Rasgos generales de la amigdalitis

Según lo establecido en la producción científica médica, la causa habitual de esta enfermedad es la colonización de la amígdala por virus que inciden sobre el tracto respiratorio, aquellos ocasionadores de catarros o tos pertinaz, y otros como los asociados a padecimientos como la enfermedad del beso o mononucleosis, herpes o VIH.

Al igual que los virus, bacterias procedentes de la piel, la orofaringe y el propio tracto respiratorio, pueden ocasionar amigdalitis, siendo la segunda causa más común.

Dentro de las amigdalitis bacterianas, la más frecuente es la amigdalitis estreptocócica, causada por una bacteria harto conocida: la Streptococo.

Además de bacterias y virus, la infección que nos ocupa pueda estar originada en la acción de hongos patógenos, aunque esto es más probable que se dé en pacientes inmunodeprimidos y diabéticos.

En cuanto a los síntomas, que pueden variar en cada caso y pueden ser de leves y moderados a severos, para una correcta comprensión de la infección siempre se distingue entre las amigdalitis virales y las bacterianas.

Así, para la primera de ellas, que afecta poco el estado general o la sensación de bienestar de salud, los síntomas más frecuentes son una fiebre moderada, por lo general menor de 39 grados Celsius; un dolor de garganta leve o moderado; aparición de pequeños ganglios en el cuello; enrojecimiento de las amígdalas afectadas y un aumento leve de su tamaño.

Por su parte, las amigdalitis bacterianas, que sí cambian bruscamente el estado general, los síntomas están determinados por una fiebre elevada, por encima de los 39 grados Celsius; un incremento apreciable de los ganglios del cuello, que experimentan dolor al tacto; dolor de cabeza y abdominal; náuseas y vómitos; enrojecimiento de las amígdalas; incremento del tamaño de las anginas afectadas y aparición en las superficies de las mismas de pequeñas hemorragias o puntos rojos, focos de pus bacterianos y las conocidas placas blanquecinas, causantes junto a los otros síntomas del mal aliento característico.

Tratamiento para la amigdalitis

Tratamiento de la amigdalitis

Al igual que con los síntomas, el tratamiento de la amigdalitis varía atendiendo a su tipología. No obstante, de ser bien tratadas, tanto amigdalitis provocadas por virus como por bacterias, suelen superarse en un intervalo entre siete y 10 días.

En el caso de la amigdalitis provocada por virus, la amigadlitis se trata sintomáticamente con el empleo de antitérmicos y analgésicos para tratar la fiebre y el dolor. De igual forma, los médicos siempre recomiendan ingerir alimentos triturados templados y bebidas frías o a temperatura ambiente, lo que vienen siendo las tradicionales abundancia de líquido y dieta blanda que se recetan para la mayor parte de los cuadros gripales.

Asimismo, hacer enjuagues con colutorios antisépticos varios momentos durante el día contrarresta la colonización por bacterias de faringe y anginas.

Por su parte, el tratamiento de la amigdalitis bacteriana se caracteriza por el uso de un antibiótico determinado, en correspondencia con la bacteria causante de la infección, de conjunto con el tratamiento sintomático, también basado en medicamentos antitérmicos y analgésicos para la fiebre y el dolor respectivamente.

La dieta blanda y la abundancia de líquidos también son acciones a seguir en el tratamiento de las amigdalitis bacterianas.

Es oportuno aclarar que las amigdalitis que provocan graves afectaciones al estado general y dificultan la respiración obligan el ingreso del paciente para una rápida y efectiva recuperación. Esto además se cumple para las personas afectadas y que padecen inmunodepresión o diabetes.

En España, la extirpación de la amígdala mediante cirugía, procedimiento conocido por amigdalectomía, es reservada para casos específicos. Sin embargo, en otros países es un procedimiento más común, sobre todo en niños y adolescentes propensos a padecerla muy a menudo.

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