Tratamiento para la cuperosis

Cuperosis

¿Presentas manchas rojas en la cara? ¿Te preocupan esas pequeñas arañitas rojas en la piel? La cuperosis es un mal estético que puede acarrear complicaciones mayores. Descubre qué hacer para no padecerla.

¿Qué es la cuperosis?

En pocas palabras, la cuperosis es una alteración de los vasos capilares presentes en el rostro, especialmente en el área de los pómulos, las mejillas y la nariz. Ante determinados factores (estrés, cambios de temperatura, predisposición genética), las arteriolas y vénulas que transportan la sangre se dilatan (en parte debido a la poca elasticidad que presentan), aumentando la presión sanguínea y provocando una inflamación cutánea que trae como consecuencia un rostro cubierto de manchas rojizas o pequeñas arañitas, conocidas también como telangiectasias.

Evidentemente, una piel fina y muy blanca, o simplemente deteriorada (exposición al sol, uso de cremas, etc.) contribuyen a que los síntomas de la cuperosis se muestren con mayor acento. Actualmente, la cuperosis no se considera una enfermedad, sin embargo, de no tratarse debidamente, puede conducirnos a una rosácea, una enfermedad infecciosa de la piel que puede desencadenar graves consecuencias.

Investigaciones realizadas permiten conocer que la cuperosis es más común en los hombres que en las mujeres, la padece un 10% de la población mundial y puede convertirse en una afectación permanente con el paso del tiempo.

Causas de la cuperosis

A pesar de que existen numerosas afectaciones vasculares que se engloban bajo la cuperosis, lo cierto es que existen dos tipos fundamentales de esta enfermedad y que permiten describir las principales causas o factores de riesgo para padecerla.

Cuperosis rosácea: Ocurren principalmente en la nariz y el área de los pómulos, aunque se experimenta un enrojecimiento total en el rostro. Caracterizada por pequeños granos o barros, la cuperosis rosácea (a menudo confundida con el acné) toma lugar en el período posterior a la adolescencia y se encuentra ligada a factores externos como el abuso del alcohol y el estrés.

Cuperosis adquirida: Una piel expuesta al Sol durante mucho tiempo, o de igual manera, un tratamiento indebido de bronceado a través de lámparas solares, son los principales desencadenantes para la cuperosis adquirida, aunque también influyen el uso inadecuado de cosméticos y ciertas cremas para la piel a base de cortisona.

Adicionalmente, una piel seca y extremadamente susceptible puede acelerar la aparición de la cuperosis, así como los cambios extremos de temperatura, desequilibrios hormonales, menopausia, trastornos alimenticios, consumo de sustancias nocivas y la predisposición genética (uno de cada dos casos de cuperosis se presenta por antecedentes familiares).

Síntomas de la cuperosis

Síntomas de la cuperosis

Para describir los síntomas de la cuperosis, debemos hablar de dos fases o períodos. En un primer momento, la cuperosis comienza a enrojecer la zona media del rostro de manera intermitente. Las zonas más comunes son los pómulos, la barbilla, las aletas de la nariz y parte de las mejillas. Posteriormente, los brotes comenzarán a manifestarse de manera cada vez más pronunciada hasta permanecer permanentemente en el organismo, lo que también se conoce como eritrosis o brote eritematoso.

La segunda fase de la cuperosis se caracteriza por las llamadas telangiectasias o pequeñas telarañas, producto de la dilatación de los vasos sanguíneos, que a su vez adoptan un color entre el rojo y el rojo-azulado. Este escenario también se encuentra asociado a otros síntomas como prurito, ardor, eritema, sequedad y presencia de granos diminutos. Como comentábamos anteriormente, una cuperosis tratada de manera indebida, puede conducir a la aparición de la rosácea, una enfermedad cutánea inflamatoria de graves consecuencias.

Tratamiento de la cuperosis

Actualmente, existen numerosos métodos para tratar la cuperosis. Los más utilizados son las inyecciones, el uso del láser y algunos fármacos especiales, aunque existen remedios más simples como el uso de cremas y maquillaje. A continuación, exponemos un breve resumen de los métodos más empleados en el tratamiento de la cuperosis.

Cremas y maquillaje: El maquillaje no es una solución definitiva, si bien solo se utiliza para ocultar el enrojecimiento de la piel. Por otra parte, algunas cremas a base de hidroquinona pueden resultar útiles gracias a sus propiedades blanqueadoras y despigmentadoras.

Fármacos: La acción de los fármacos contiene un carácter preventivo, puesto que no resultan eficaces una vez que se padece de cuperosis. El metronidazol tópico y la tretinoína local o isotretinoína son algunos de los medicamentos más utilizados en este sentido.

Electrocoagulación: A través de agujas diminutas insertadas en los vasos capilares del rostro, puede inducirse un impulso eléctrico que permita cerrarlos. Se considera un proceso doloroso y que requiere de personal calificado para evitar complicaciones.

Inyecciones: Un método que se reserva para casos avanzados de cuperosis. Puede abarcar hasta cinco sesiones y se considera un tratamiento doloroso. Generalmente, el procedimiento consiste en la introducción de un fármaco esclerosante para necrosar la vena y volverla invisible.

Láser vascular: Su principal ventaja es que se trata de un procedimiento sencillo, que permite abarcar mayor área y no acarrea grandes complicaciones. Básicamente, el láser tiene como función aumentar la temperatura de la sangre en los vasos sanguíneos afectados, esta se coagula y el capilar venoso es absorbido finalmente por el organismo.

Otros tratamientos: Aunque menos conocidos existen otros tratamientos como la luz pulsada intensa (similar al láser, permite controlar la intensidad de la señal lumínica) y el tratamiento mediante frecuencias fisiológicas (utilizan el principio de resonancia que equilibran las funciones celulares).

Tratamiento para la cuperosis

¿Cómo prevenir la cuperosis?

Toda acción preventiva contra la cuperosis debe estar encaminada a fortalecer nuestro sistema circulatorio, especialmente si se tiene una predisposición genética a padecer esta enfermedad. En este sentido, destacan algunas recomendaciones como establecer una dieta con alimentos naturales, evitar las grasas saturadas como las comidas procesadas, así como llevar un estricto control de aquellos alimentos que puedan provocar una alergia en nuestro organismo. Del mismo modo, es recomendable moderar el consumo de alcohol y bebidas que contengan cafeína. Los condimentos son otros de los aliados naturales de la cuperosis: cualquier alimento picante como el rábano, las salsas preparadas con chile, etc.

En otro orden, debemos proteger nuestra piel tanto del sol como del frío intenso. Cualquier cambio repentino de temperatura resulta fatal para nuestra dermis. Además, es conveniente mantenernos alejados de cualquier emoción negativa, estrés o sobrecarga laboral. El uso de cremas descongestivas y tonificantes también resulta útil para evitar la cuperosis. Debemos además evitar lavarnos la cara con jabones, si bien lo más idóneo es utilizar lociones a base de ácido lactónico o ceramida.

Remedios caseros para combatir la cuperosis

Pepino: Para lubricar la piel y reestablecer el nivel de sebo en el organismo, nada mejor que un jugo de pepino, tomate y rábanos.

Aloe vera: Aplicar sobre la piel un gel o crema a base de aloe vera o sábila y los resultados no se harán esperar.

Manzanilla: En un litro de agua podemos hervir una porción de manzanilla para aplicar, una vez enfriada la solución, sobre el área afectada.

Ortiga: Similar al remedio anterior, una infusión de hojas de ortiga, combinadas con zumo de limón, será suficiente para tomar dos veces al día y curarnos rápidamente de la cuperosis.

Vinagre de manzana: Ideal para combatir numerosas enfermedades, el vinagre de manzana puede ser aplicado en este caso sobre el rostro para aliviar los síntomas causados por la cuperosis.

Vitaminas: Una suplementación de vitaminas del complejo B también puede aportarnos numerosos beneficios si nuestro deseo es llevar una vida libre de cuperosis.

Aceite de oliva: Este es un remedio que podemos incorporar a nuestra rutina diaria. Antes de dormir, masajea tu rostro con aceite de oliva durante cinco minutos, siempre ejecutando movimientos circulares desde la nariz hacia las orejas.

Combinación efectiva: Por último, te recomendamos realizar una mezcla de cinco gramos de hojas secas de hamamelis e igual cantidad de pétales de rosa secos y hojas de vid roja, todo ello en un litro de agua para repasar luego la zona afectada.

Compártelo en tu red social: