Tratamiento para la epicondilitis

Epicondilitis

Con muchos nombres alternativos, casi todos asociados a la práctica deportiva por la frecuencia con que impacta en atletas, sobre todo de disciplinas asociadas a lanzamientos o movimientos frecuentes del antebrazo como el béisbol, el tenis, el golf, la halterofilia y la jabalina, la epicondilitis es en esencia una molestia o dolor en la parte interna del antebrazo, cerca del codo.

En este artículo, proponemos echar un vistazo a las características y datos esenciales del padecimiento, así como al tratamiento idóneo para el mismo.

Causas y síntomas de padecer epicondilitis

La epicondilitis se manifiesta en la irritación y dolor en la parte interior del codo, donde los tendones de los músculos del antebrazo se fijan al hueso. Esta irritación a su vez se deriva normalmente de excesos en la práctica de deportes como los antes mencionados o de técnicas mal ejecutadas, que dañan los músculos al provocar pequeños desgarres en los tendones.

Por esto es que el padecimiento conocido también como codo de golfista puede considerarse más que nada una lesión, aunque no exclusiva de deportistas, ya que otras muchas personas que en su empleo se ven obligadas girar repetidamente la muñeca pueden presentarlo.

Es así que vemos entonces que la epicondilitis puede tornarse frecuente en profesiones como pintor, plomero, trabajadores de la construcción, carniceros, cocineros y usuarios de computadoras.

Como síntomas obvios de la lesión se identifican el dolor de codo, desde la articulación hasta la muñeca, por toda la parte interior del antebrazo, dolor al flexionar la muñeca con la palma de la mano paralela al suelo, agarre débil, dolor al saludar estrechando la mano de una persona, y adormecimiento y hormigueo desde el codo hasta el dedo meñique y el anular.

Importante aclarar que el dolor asociado a la epicondilitis puede producirse de inmediato, y empeora al agarrar cosas o flexionar la muñeca.

Sobre la epicondilitis

Tratamiento contra la epicondilitis

Esta molestia como norma se retrae sin necesidad de acudir a un procedimiento quirúrgico. No obstante, si la persona sigue experimentando dolor tras un período entre seis y 12 meses después de haber seguido el tratamiento tradicional, reposo, entonces se puede aplicar una cirugía.

La mayor parte de las personas que deben enfrentar el procedimiento testimonian haber recuperado el uso completo de su antebrazo y el codo al poco tiempo después de la operación, que no conlleva muchos riesgos, aunque siempre para determinar eso la persona más indicada es el médico.

Dicho esto es oportuno reiterar que el tratamiento tradicional y más recomendado es el reposo del brazo, matizado por una suspensión temporal de las actividades que pudieron haber ocasionado el dolor. Normalmente el período de descanso instruido es de dos a tres semanas, aunque a veces es mucho más, puesto que el fin es que el dolor desaparezca.

Para contribuir y acelerar el alivio del dolor, otros métodos de tratamiento, siempre acompañando al descanso, son la aplicación de hielo de tres a cuatro veces al día, durante intervalos de 15 a 20 minutos, en la parte interior del codo; la realización de ejercicios de estiramiento y fortalecimiento; la analgesia mediante la ingestión de píldoras antiinflamatorias; y la inmovilización con vendajes funcionales, prótesis o yesos.

Es frecuente también que cuando el dolor es muy abrumador y se precisa de no inmovilizar el brazo, alrededor de la zona en la que el tendón se fija al hueso el paciente sea inyectado con cortisona y algún medicamento adormecedor, lo que de inmediato ayuda a disminuir la hinchazón y el dolor, pero tras terminar el efecto se debe mantener el reposo indicado. Estas últimas formas de tratamiento sobre todo, estarán directamente relacionadas a la gravedad del caso.

Tratamiento para la epicondilitis

Algo importante a señalar es que como parte de la recuperación de la epicondilitis, el paciente debe ir volviendo a su actividad habitual de forma gradual.

En el supuesto que el también llamado codo de tenista o beisbolista se deba a la práctica deportiva, como en la mayoría de los casos, el atleta debe analizar con asesores expertos qué puede estar mal con su técnica, para instrumentar los cambios adecuados, y revisar si su equipamiento y accesorios son los ideales para él.

Asimismo se puede replantear, en el caso de los aficionados o los que practican por hobbie y no por ser un profesional, en disminuir la frecuencia y el tiempo de la práctica deportiva.

A pesar de no ser severa o en apariencia muy complicada, la epicondilitis no es cosa de juego. Al momento de detectar el dolor el paciente debe tratarse, de lo contrario correo el riesgo de empeorar la situación e inutilizar su brazo para la práctica o realización de la actividad que lo llevó a ese estado.

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