Tratamiento para la mastitis

Mastitis

¿Alguna vez has sufrido de mastitis? Esta es una condición que puede aparecer en las mujeres mientras amamantan a sus hijos o en otras etapas de su vida. En este artículo puedes consultar una gran cantidad de información sobre el tema, que vale la pena tener en cuenta para un diagnóstico y un tratamiento efectivo.

¿Qué es la mastitis?

La mastitis se presenta como una inflamación de la glándula mamaria provocada por una obstrucción de los conductos lactíferos. Este proceso infeccioso también es conocido por otros nombres como absceso subareolar, inflamación periductal, ectasia ductal, etc. Debido a su naturaleza la mastitis es común mayormente en las mujeres, siendo muy rara su ocurrencia en hombres.

El momento en que ocurre la mastitis puede ser un factor discriminativo para esta enfermedad, ya que en los casos que ocurren en madres lactando (son la mayoría) se categoriza como una mastitis puerperal, mientras que en el resto de los casos se habla de una mastitis no-puerperal. La inflamación de la mama fuera de la etapa de lactancia es mucho menos frecuente, pero en estos casos generalmente tienen una evolución recurrente hasta convertirse en crónica.

Como parte del desarrollo de la enfermedad es común que solo se inflame uno de los pechos, con la presencia de enrojecimiento del mismo, sobrecalentamiento, dolor generalizado e incluso fiebre. La similitud de algunos de estos síntomas con el cáncer de mama inflamatorio hace necesario que se haga un diagnóstico por exclusión.

Causas de la mastitis

Las bacterias que comúnmente viven sobre la piel son la causa principal por la que se produce la infección del tejido mamario. Generalmente estas vienen acompañadas de una defectuosa higiene, grietas o fisuras en los pezones, las cuales son utilizadas por las bacterias como puerta de entrada para llegar al interior de la mama. De igual manera puede representar un problema el uso de piercing en los pezones, prendas de ropa muy ajustadas en la parte superior del cuerpo o sostenes que compriman demasiado los senos.

Los microorganismos que suelen proliferar más en una mastitis son los estreptococos del grupo B, el Staphylococcus aureus y las especies no tuberculosas del género Mycobacterium.

En los casos de la mastitis puerperal el lactante puede ser la vía de entrada para los agentes infecciosos u hongos, los cuales pueden ser adquiridos por el recién nacido durante el parto y luego transmitidos a los pezones de la madre. Esto unido al hecho de que la leche es un medio de cultivo muy apropiado para algunos tipos de hongos y que el amplio uso de antibióticos puede destruir la flora encargada de mantenerlos bajo control, hace que aumenten las posibilidades de sufrir mastitis por esta vía.

También se puede dar el caso de una mastitis no bacteriana, que es generalmente provocada por el incremento de la producción de secreción en el pecho, con un consecuente estancamiento. Esta es la causa del 80% de los casos de mastitis no-puerperales. Producto de que las secreciones son retenidas y estas no pueden fluir libremente, los conductos se ensanchan, lo que termina provocando una reacción inflamatoria. Las razones del aumento de estas secreciones del pecho sin lactancia, están relacionadas generalmente con el incremento de los niveles de la hormona prolactina en la sangre, así como también entidades fibroquísticas y problemas de tiroides.

Tratamiento para la mastitis

Síntomas de la mastitis

La mastitis puede exteriorizarse mediante un enrojecimiento y sobrecalentamiento del seno, abscesos, fístulas, dolor generalizado o localizado en el área de la areola, sensación de tirantez, dificultad para la salida de la leche, masas palpables de diferentes tamaños, así como también otros síntomas generales como fiebre, escalofríos o gripe.

Los síntomas de una mastitis que no ocurre durante la etapa de lactancia o con un embarazo reciente (mastitis no puerperal), suelen ser menos severos que los de una mastitis puerperal. En estos casos la mastitis puede estar localizada en una parte pequeña del seno, sin presencia de abscesos o inflamaciones agudas. Sin embargo este cuadro de inflamación de la glándula mamaria tiende a ser recurrente, por lo que en estas circunstancias se recomienda descartar un carcinoma mamario.

Tratamiento de la mastitis

El tratamiento de la mastitis siempre debe estar orientado según la causa y el diagnóstico que la acompañe. Si viene asociada a otra enfermedad de base, también es necesario tratar dicha patología.

La primera medida de cualquier tratamiento para una inflamación de la glándula mamaria debe ser la aplicación de compresas frías o bolsas de hielo para aliviar el dolor. Cuando hay signos de la presencia de una infección se requiere entonces además el uso de antibióticos.

En los casos en que se esté amamantando siempre se recomienda que se no deje de dar el pecho al recién nacido o que se extraiga con un extractor para reducir la cantidad de leche acumulada en el seno, aunque en ocasiones es necesario interrumpir la lactancia. Cuando se llega a este punto el médico puede prescribir algunos medicamentos para ayudar a suprimir la producción de leche materna.

En ocasiones se requiere de sencillas cirugías para drenar los abscesos que se puedan formar como parte de la mastitis. En los casos recurrentes, que se presenten úlceras residuales o fístulas, también se necesita de una intervención quirúrgica.

La mastitis no puerperal generalmente requiere de un tratamiento a largo plazo para la inhibición de la prolactina, de manera que se evite el riesgo de una recurrencia o una evolución crónica.

¿Cómo prevenir de la mastitis?

La mastitis durante el período de lactancia puede ser evitada aplicando masajes y calor húmedo sobre los pechos, para propiciar así que se expandan los conductos de la glándula mamaria. La higiene controlada en esta zona es fundamental, así como la utilización de ropa holgada y sostenes de una talla adecuada.

En los casos de la mastitis no puerperal no existen medidas que puedan prevenir de forma eficaz su aparición, aunque estudios recientes han demostrado los efectos positivos del control del estrés en este sentido.

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